jueves, noviembre 12, 2015

Para reír, para gozar…y reflexionar también


Fotografía tomada de  ‏@Miguelpereirasv
Ya arrancó la cuenta en retroceso para la celebración de un clásico de la cultura popular: el tradicional Carnaval de San Miguel, una actividad que durante un fin de semana al año da protagonismo a la zona ultralempina salvadoreña.
El municipio, tercero en importancia en el país, se constituye en la ciudad más importante situada al otro lado de esa frontera natural del río Lempa y está lleno de acontecimientos históricos de gran importancia desde la época colonial. Al respecto, recomiendo una incursión sobre el compilado de información histórica (que lamentablemente no consigna fuentes) que aparece en la página web del FISDL.  
Recuerdo haber leído en algún lugar, y disculpen mi falta de precisión con el dato de adónde, que la famosa celebración en sus orígenes tenía lugar en conmemoración de la fecha de fundación del municipio, es decir, cada 8 de mayo, día dedicado a San Miguel Arcángel como patrono de la guerra, y que fue a inicios de siglo 20 cuando se le trasladó al 21 de noviembre, en honor a la patrona del municipio, la Virgen de la Paz. 
Se le adjudica a la administración de Miguel Félix Charlaix, gobernador municipal de mediados de siglo 20, la iniciativa de sacar la fiesta de los privados salones de baile y llevarlo a las calles, así como de internacionalizar el evento. Sigo sin encontrar fuentes consignadas para esas aseveraciones, pero lo cierto es que el personaje es una figura de alta importancia y su muerte aparece incluso registrada como un gran acontecimiento en el recuento histórico de la web de la alcaldía
En la actualidad, la celebración abarca todo el mes de noviembre y alcanza su culmen el último sábado del mes con el reconocido carnaval. 
Sigo de cerca la cuenta del alcalde migueleño, por lo que a diario leo sobre las distintas actividades que este año forman parte del programa y es evidente el esfuerzo de ampliación. Me llama la atención, por ejemplo, el trabajo de la municipalidad por involucrar a través de la realización de pequeños carnavales a comunidades que habían dejado de tener sus fiestas y sus reinas.
“El rescate del arte y cultura ha sido prioridad en el desarrollo de nuestras fiestas patronales”, indicó el pasado 7 de noviembre, en su cuenta de tuíter el edil de la ciudad, Miguel Ángel Pereira, en donde se encuentran fotografías y videos que hablan de una tarde de chanchonas, necroturismo en el ahora iluminado cementerio municipal, un festival cultural y gastronómico en el icónico parque Guzmán, y un encuentro internacional de motocross como parte del programa de actividades.
Todo bien, pero algo sigue faltando y si hubiera oportunidad de sugerir, lo haría en la línea del rescate de la memoria histórica del municipio y la apertura de espacios académicos que contribuyan a ello. Así dejamos las anécdotas y empezamos a ver la contribución de la sociedad migueleña en la construcción de El Salvador de hoy.
En esa línea por ejemplo, resalto la reciente publicación de la Secretaría de Cultura de la Presidencia “Violencia en tiempos de paz: conflictividad y criminalización en El Salvador”, en el que Óscar Meléndez y Adrian Bergman reúnen varios ensayos, entre ellos uno de Luis Rubén González Márquez, intitulado “«Han ocurrido bochinches». La revuelta de San Miguel de octubre de 1930: movilización social y violencia colectiva de la muchedumbre citadina”. 
Se trata de una investigación del joven historiador sobre las protestas por la condena de José Isaac Soto, un tenedor de libros, pintor y pequeño comerciante acusado de desfalco y estafa a un banco donde trabajaba como cajero. En octubre de 1930, la sociedad migueleña se alzó en manifestaciones multitudinarias, por lo que el gobierno del entonces presidente Pío Romero Bosque decretó el estado de sitio y movilizó tropas ante lo que el académico registra ahora como una revuelta que se inserta en la ola de movilización social de 1927-1931. 
El autor, quien se apoyó mucho para su investigación en la cobertura hecha por la prensa escrita de la época, explica: “los estudios históricos sobre la zona oriental son escasos. No dudamos que a medida crezca esta producción historiográfica se alcanzará una mejor comprensión de esta revuelta”.
Esas palabras tienen eco en lo que planteaba como necesidad al principio: la de espacios de reflexión y de un abordaje académico de la historia del oriente del país, el cual sería bueno que iniciara, a tono con los nuevos bríos, en la ciudad de San Miguel. No pretendo con ello que sea la comuna la que necesariamente abandere el esfuerzo, que para eso hay entidades educativas, incluso de nivel superior, y entidades civiles que bien pueden hacerlo. 
Así, al reír y cantar sumaríamos también un necesario recordar y reflexionar a San Miguel en carnaval. 

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