lunes, octubre 10, 2005

26 de junio de 1980*

La convulsa época del conflicto armado dejó capítulos imborrables en la única universidad pública del país. Creada en 1841, la Universidad de El Salvador tiene una larga trayectoria que la sitúa como pilar fundamental en el desarrollo histórico y social salvadoreño.
Son historias reales, que evidencian la lucha de una entidad que durante décadas ha luchado por sobrevivir.
Los años ochenta estuvieron marcados desde sus inicios por la represión. El ambiente de la época era de peligro para todas aquellas personas desarmadas que no simpatizaran con el régimen establecido. Por ejemplo, el 22 de enero de 1980, el ejército abre fuego contra una gigantesca marcha de protesta. En el interior del país, asesinan a cientos de campesinos en diferentes zonas, incluyendo más de 600 víctimas civiles en la masacre de Sumpul. En marzo de ese año, un escuadrón de la muerte asesina al Arzobispo de San Salvador, Monseñor Óscar Romero. Son hechos ante los cuales la Universidad de El Salvador no guardó silencio, pero el precio de señalar y llamar a la cordura en una época de locura sería muy alto.
Un comunicado del Consejo Superior Universitario del 29 de enero de 1980 condena enérgicamente “la masacre perpetrada el martes 22 de enero por los cuerpos represivos, contra la gigantesca manifestación organizada por las organizaciones populares BPR, UDN, FAPU y LP28, así como el cerco militar tendido a la Universidad de El Salvador por la fuerza armada el 22 y 23 de enero”.
Dos meses más tarde publican “La Universidad de El Salvador condena y repudia el execrable asesinato realizado la noche del 24 de marzo en la persona del máximo representante de la iglesia católica salvadoreña, Monseñor Oscar Arnulfo Romero y Galdámez, quien en todo momento estuvo al lado de los humildes y desposeídos, de lo que significa justicia y po eso fue víctima del odio desorbityado de todos aquellos que se oponen a la verdad y a la razón”, (Consejo Superior Universitario, 26 de marzo de 1980).
Ni el campo, ni la iglesia, ni la universidad estarían a salvo de tanta barbarie. La lectura política que hacían universitarios de esa época, preveían la invasión del campus, como lo habían hecho en dos ocasiones anteriores. Pese a ello, la invasión de los militares llegó un día que sorprendió a muchos.
El 26 de junio de 1980, la Junta de Gobierno conformada por militares y el Partido Demócrata Cristiano, ordena la ocupación de la Universidad de El Salvador, por ser uno de los pocos espacios donde podían reunirse grupos de pensamientos opuestos a la dictadura. La Universidad es considerada “santuario de la subversión” y se convierte en blanco de los ataques militares.
Alrededor de las once de la mañana, la Guardia Nacional entró disparando por el portón oriente de Ingeniería, comenzando uno de los capítulos más amargos de la historia universitaria.
Durante la ocupación fueron asesinados al menos 27 estudiantes y unos 200 fueron capturados.
“El 26 de junio de 1980, cerca de 300 personas incluyendo los dirigentes del Comité Revolucionario de Coordinación de Masas fueron atrapados conjuntamente con periodistas nacionales e internacionales en el sótano de un edificio en la Universidad Nacional de El Salvador. Las fuerzas del ejército y la policía rodearon la Universidad por 3 horas e ingresaron a ella disparando. El resultado fue de 27 muertos, 15 heridos y 200 personas presas”. Informe 1980, de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, CIDH.
Sólo cuatro meses después de la ocupación, el Rector Ulloa moriría asesinado por los escuadrones de la muerte y la represión contra los universitarios se incrementaría en sus hogares y trabajos.
El campus central y los centros regionales estuvieron cerrados, funcionando como cuarteles de operaciones y torturas de los escuadrones de la muerte. Los militares mantuvieron la ocupación por tres años, 10 meses y 26 días. Tiempo durante el cual saquearon la universidad por valor de muchos millones de colones. Pero el trabajo por la educación no se detuvo. Durante ese período, la UES funcionó en el exilio bajo el lema “La Universidad se niega a morir”.

*El texto retoma elementos del texto base para el documental sobre el mismo tema, elaborado por Felipe Vargas, Secretario de Comunicaciones, Universidad de El Salvador.

1 comentario:

Anónimo dijo...

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